¿Por qué se indica y qué detecta una electromiografía?
Autor: Giovana Femat Roldán

La electromiografía (EMG) es una herramienta fundamental en el campo de la neurología. Se trata de una técnica neurofisiológica que permite evaluar el estado de salud de los músculos y los nervios que los controlan. Su utilidad radica en que proporciona información directa sobre la función neuromuscular, algo que no puede obtenerse únicamente mediante estudios de imagen. A través de la electromiografía y el estudio de conducción nerviosa, se puede detectar, clasificar y seguir la evolución de numerosas patologías del sistema nervioso periférico y muscular.
¿En qué consiste una electromiografía?
La electromiografía consta generalmente de dos partes: el estudio de conducción nerviosa y la electromiografía con electrodos de aguja.
El estudio de conducción nerviosa evalúa la velocidad y amplitud con la que los impulsos eléctricos viajan a través de los nervios. Se colocan electrodos superficiales sobre la piel, y se administra una pequeña descarga eléctrica que estimula el nervio. Esto permite determinar si existe una neuropatía periférica, una radiculopatía, o incluso una lesión de nervio periférico.
Por otro lado, la electromiografía con aguja implica la inserción de pequeños electrodos tipo aguja en diferentes músculos. Esto ayuda a observar la actividad eléctrica del músculo tanto en reposo como durante la contracción voluntaria. Este componente es esencial para identificar enfermedades musculares (como la miopatía) o neuromusculares (como la esclerosis lateral amiotrófica o la miastenia gravis).
¿Cuándo se indica una electromiografía?
La indicación de una electromiografía depende de la presencia de síntomas compatibles con una alteración neuromuscular. Entre los síntomas más frecuentes que llevan a los pacientes a este estudio se encuentran:
- Debilidad muscular
- Calambres
- Entumecimiento
- Dolor de tipo eléctrico o quemante (dolor neuropático)
- Pérdida de fuerza progresiva
- Fatiga muscular no explicada
En estos casos, la electromiografía permite determinar si el origen del problema es muscular, nervioso o de la unión neuromuscular, lo que orienta el protocolo clínico a seguir.
Enfermedades que puede detectar una electromiografía
La electromiografía es un estudio versátil que permite identificar una amplia variedad de trastornos. A continuación se detallan algunos de los más relevantes:
1. Neuropatía periférica
Este término engloba múltiples condiciones en las que los nervios fuera del cerebro y la médula espinal se ven afectados. Puede deberse a diabetes, deficiencias vitamínicas, toxinas, o enfermedades autoinmunes. El estudio de conducción nerviosa ayuda a distinguir si el daño es axonal (el cuerpo del nervio) o desmielinizante (la cubierta del nervio), información crucial para establecer un diagnóstico preciso.
2. Polineuropatía
Es un subtipo de neuropatía que afecta múltiples nervios simultáneamente. Se manifiesta generalmente como debilidad y pérdida de sensibilidad en un patrón simétrico, usualmente comenzando en los pies. La electromiografía permite evaluar la extensión y gravedad del daño.
3. Radiculopatía
Corresponde al compromiso de una raíz nerviosa, frecuentemente por compresión a nivel de la columna vertebral. Un ejemplo común es la ciática. La electromiografía ayuda a localizar la raíz afectada y determinar si hay compromiso motor o sensitivo.
4. Síndrome del túnel carpiano
Se trata de una de las neuropatías por compresión más frecuentes. El nervio mediano se comprime a nivel de la muñeca, causando dolor, entumecimiento y debilidad en la mano. El estudio de conducción nerviosa es el método diagnóstico de elección y permite medir la gravedad de la compresión.

5. Miopatías
Son enfermedades que afectan directamente al músculo. Pueden ser hereditarias (como las distrofias musculares) o adquiridas (como las miopatías inflamatorias). En estos casos, la electromiografía muestra patrones característicos de alteración muscular, como potenciales de duración corta y baja amplitud.
6. Miastenia gravis
Es un trastorno autoinmune que afecta la unión entre el nervio y el músculo, causando fatiga muscular fluctuante. En este caso, se utiliza una técnica específica llamada estimulación repetitiva dentro de la EMG para observar cómo responden los músculos a la activación continua.
7. Esclerosis lateral amiotrófica (ELA)
La ELA es una enfermedad degenerativa de las motoneuronas. La electromiografía permite observar la denervación activa (pérdida de control nervioso del músculo) y la reinervación compensatoria. Este estudio es fundamental para confirmar el diagnóstico y excluir otras causas de debilidad progresiva.
8. Atrofia muscular espinal
En esta enfermedad genética, hay pérdida progresiva de neuronas motoras. La EMG ayuda a documentar la denervación muscular y valorar la progresión, siendo útil también en el contexto de rehabilitación neuromuscular.
9. Lesión de nervio periférico
En traumatismos o cirugías, la EMG puede determinar si hay daño nervioso, su localización y si existe potencial de regeneración, lo que es crucial para decidir tratamientos o cirugías de reconstrucción.
10. Plexopatías
El despistaje de plexopatías, como las lesiones del plexo braquial, es otro campo donde la electromiografía resulta esencial, especialmente tras traumatismos o procedimientos quirúrgicos en cuello y hombro.
11. Neuritis óptica
Aunque la neuritis óptica afecta el nervio óptico (y por lo tanto no se estudia directamente con EMG), en enfermedades como la esclerosis múltiple, puede haber afectación simultánea de otros nervios periféricos. En estos casos, la electromiografía puede complementar la evaluación del compromiso neurológico general.
¿Qué beneficios aporta la EMG?
El principal valor de la electromiografía es que permite una evaluación funcional directa de los nervios y músculos. A diferencia de las imágenes por resonancia o tomografía, que muestran anatomía, la EMG revela el grado real de funcionamiento neuromuscular.
Además, cumple funciones importantes en:
- Diagnóstico diferencial:
Ayuda a distinguir entre enfermedades neurológicas, musculares y articulares.
- Monitorización intraoperatoria:
En algunas cirugías de columna o tumores, se usa para vigilar el estado de los nervios y evitar lesiones.
- Planificación de rehabilitación neuromuscular:
Al establecer el grado de daño o recuperación, permite diseñar programas específicos de terapia física.
- Seguimiento evolutivo:
Se puede repetir para evaluar respuesta a tratamientos o progresión de enfermedades crónicas.
